Gymkana literaria

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¡Este reto ha finalizado, muchas gracias!
Último día de reto: 24/10/2020

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  1. De amor, de unidad, de fe
    se va haciendo nuestra vida.
    Amor y fe son platillos;
    la unidad los equilibra.

    La unidad, puente colgante.
    Va y viene de orilla a orilla
    la barquilla. El agua pasa
    siempre idéntica a sí misma

    Por el amor a la fe,
    por la fe al amor, divisa
    que vamos obedeciendo
    año a año y día a día.

    -Gerardo Diego

    Responder
  2. «—¿Qué piensa usted de las artes?
    —El arte es la ciencia de lo inútil.
    El médico frunció la frente, sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que
    había creído adivinar en su paciente.
    —¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quiénes las
    practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?
    —¡Nada de eso, doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su
    inutilidad!
    —Explíquese mejor.
    —El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la
    subsistencia del individuo y con la reproducción
    de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo
    que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino
    que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas
    formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas
    armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del
    zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que
    lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un Chateaubriand a la
    Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de
    signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien:
    todo eso que está inútilmente «añadido a la pura necesidad»… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy
    llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque
    representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y
    guarecerse.
    —Dígame, señora de Almenara, ¿Dónde ha leído ese ensayo sobre la inutilidad? ¡Me gustaría
    conocerlo!
    —¡No necesito leer a los demás para formarme una opinión, doctor!
    —Prosiga, señora: me tiene usted absolutamente fascinado.
    —Pues bien —continuó Alicia—, en el momento mismo en que el espíritu creador del hombre se
    despegó incluso de la necesidad primaria para producir sus lucubraciones, nacieron las grandes
    Artes: la Poesía, la Danza, la Música y la Pintura.—
    —Olvida la Arquitectura.
    —Considero a la Arquitectura, como a la Gastronomía, un añadido inútil a una necesidad
    «primaria». La Danza, en cierto modo, también tiene este lastre, pero se aleja más de la
    necesidad. Es… ¿Cómo explicarme?, una… una… ¡una mímica sublimada! ¡Eso es lo que quería
    decir! Tal vez la Danza sea anterior al lenguaje y tuviera en sus orígenes una intencionalidad
    práctica: con carga erótica, reverencial o religiosa. ¡Yo no estaba allí, y no sé qué
    «intencionalidad» tenía! Pero no hay duda que encerraba «un propósito», encaminado a la
    consecución de un fin. No sé si me explico, pero la intencionalidad es algo muy superior a la
    «necesidad primaria». Está ya directamente relacionada con el juicio y la voluntad. «Quiero esto y
    voy a demostrarlo con gestos y ademanes rítmicos». ¡Y la Humanidad se puso a danzar! ¡De ahí
    a la Paulova o a Nureyev no había más que un paso! La Pintura pertenece a un género superior.
    ¡Es más inútil todavía! Tiene un lejanísimo parentesco con la escritura ideográfica, mas una vez
    añadida su carga de inutilidad, la distancia entre lo necesario y lo que no sirve para nada, se
    hace tan
    grande, que la considero entre las primeras de las Artes Mayores. ¿No opina lo mismo, doctor?
    —Mi querida amiga, no es mi opinión lo que interesa, sino la suya.
    —¿Y no le interesa que a mí me interese conocer su opinión, doctor? ¡Sería muy poco galante
    de su parte dejarme hablar y hablar sin intervenir!
    —Eso es precisamente lo que deseo, señora. Y empiezo a pensar que se le ha acabado la
    inspiración. ¿Cómo juzga usted la Poesía?
    —Paralela en méritos a la Pintura, aunque un tanto más inútil todavía. ¿Qué quiere decir, o para
    qué sirve decir:
    Mi corazón, como una sierpe se ha desprendido de su piel, ‘ y aquí la miro entre mis dedos llena
    de heridas y de miel?
    «¡Oh, doctor! Ni el corazón tiene una piel como la de las serpientes que se la cambian cada
    temporada como las modas de las mujeres, ni los ofidios ni el corazón acostumbran a
    impregnarse del zumo de las abejas; ni hay hombre que pueda contemplar víscera tan delicada
    entre las manos: pues si estuviese vivo moriría en el intento; y si muerto, no podría contemplarla.
    ¡Y sin embargo este poemilla de García Lorca es arte puro!
    «Queda, por último, la Música. ¿Qué mayor inutilidad que unir unos ruidos con otros ruidos que
    no expresan directamente nada y que pueden ser interpretados de mil distintas maneras según
    el estado de ánimo de quien los escuche? ¿A quién alimenta eso? ¿A quién abriga? ¿A quién
    cobija? ¡A nadie! La Música es la más inútil, biológicamente hablando, dé todas las Artes y, por
    ello, por su pavorosa y radical inutilidad, es la más grande de todas ellas; la menos irracional, la
    más intelectual, la más espiritual, la más humana, en tanto que esto signifique superación de los
    seres inferiores. Porque lo cierto es que hay quien entiende, ¡equivocadamente, claro está!, por
    «humano»…
    Alicia se detuvo y se sonrojó: […]»

    Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luca de Tena

    Responder
  3. “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”
    El Principito.
    Antoine de Saint-Exupéry

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  1. De amor, de unidad, de fe
    se va haciendo nuestra vida.
    Amor y fe son platillos;
    la unidad los equilibra.

    La unidad, puente colgante.
    Va y viene de orilla a orilla
    la barquilla. El agua pasa
    siempre idéntica a sí misma

    Por el amor a la fe,
    por la fe al amor, divisa
    que vamos obedeciendo
    año a año y día a día.

    -Gerardo Diego

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  2. «—¿Qué piensa usted de las artes?
    —El arte es la ciencia de lo inútil.
    El médico frunció la frente, sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que
    había creído adivinar en su paciente.
    —¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quiénes las
    practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?
    —¡Nada de eso, doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su
    inutilidad!
    —Explíquese mejor.
    —El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la
    subsistencia del individuo y con la reproducción
    de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo
    que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino
    que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas
    formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas
    armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del
    zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que
    lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un Chateaubriand a la
    Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de
    signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien:
    todo eso que está inútilmente «añadido a la pura necesidad»… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy
    llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque
    representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y
    guarecerse.
    —Dígame, señora de Almenara, ¿Dónde ha leído ese ensayo sobre la inutilidad? ¡Me gustaría
    conocerlo!
    —¡No necesito leer a los demás para formarme una opinión, doctor!
    —Prosiga, señora: me tiene usted absolutamente fascinado.
    —Pues bien —continuó Alicia—, en el momento mismo en que el espíritu creador del hombre se
    despegó incluso de la necesidad primaria para producir sus lucubraciones, nacieron las grandes
    Artes: la Poesía, la Danza, la Música y la Pintura.—
    —Olvida la Arquitectura.
    —Considero a la Arquitectura, como a la Gastronomía, un añadido inútil a una necesidad
    «primaria». La Danza, en cierto modo, también tiene este lastre, pero se aleja más de la
    necesidad. Es… ¿Cómo explicarme?, una… una… ¡una mímica sublimada! ¡Eso es lo que quería
    decir! Tal vez la Danza sea anterior al lenguaje y tuviera en sus orígenes una intencionalidad
    práctica: con carga erótica, reverencial o religiosa. ¡Yo no estaba allí, y no sé qué
    «intencionalidad» tenía! Pero no hay duda que encerraba «un propósito», encaminado a la
    consecución de un fin. No sé si me explico, pero la intencionalidad es algo muy superior a la
    «necesidad primaria». Está ya directamente relacionada con el juicio y la voluntad. «Quiero esto y
    voy a demostrarlo con gestos y ademanes rítmicos». ¡Y la Humanidad se puso a danzar! ¡De ahí
    a la Paulova o a Nureyev no había más que un paso! La Pintura pertenece a un género superior.
    ¡Es más inútil todavía! Tiene un lejanísimo parentesco con la escritura ideográfica, mas una vez
    añadida su carga de inutilidad, la distancia entre lo necesario y lo que no sirve para nada, se
    hace tan
    grande, que la considero entre las primeras de las Artes Mayores. ¿No opina lo mismo, doctor?
    —Mi querida amiga, no es mi opinión lo que interesa, sino la suya.
    —¿Y no le interesa que a mí me interese conocer su opinión, doctor? ¡Sería muy poco galante
    de su parte dejarme hablar y hablar sin intervenir!
    —Eso es precisamente lo que deseo, señora. Y empiezo a pensar que se le ha acabado la
    inspiración. ¿Cómo juzga usted la Poesía?
    —Paralela en méritos a la Pintura, aunque un tanto más inútil todavía. ¿Qué quiere decir, o para
    qué sirve decir:
    Mi corazón, como una sierpe se ha desprendido de su piel, ‘ y aquí la miro entre mis dedos llena
    de heridas y de miel?
    «¡Oh, doctor! Ni el corazón tiene una piel como la de las serpientes que se la cambian cada
    temporada como las modas de las mujeres, ni los ofidios ni el corazón acostumbran a
    impregnarse del zumo de las abejas; ni hay hombre que pueda contemplar víscera tan delicada
    entre las manos: pues si estuviese vivo moriría en el intento; y si muerto, no podría contemplarla.
    ¡Y sin embargo este poemilla de García Lorca es arte puro!
    «Queda, por último, la Música. ¿Qué mayor inutilidad que unir unos ruidos con otros ruidos que
    no expresan directamente nada y que pueden ser interpretados de mil distintas maneras según
    el estado de ánimo de quien los escuche? ¿A quién alimenta eso? ¿A quién abriga? ¿A quién
    cobija? ¡A nadie! La Música es la más inútil, biológicamente hablando, dé todas las Artes y, por
    ello, por su pavorosa y radical inutilidad, es la más grande de todas ellas; la menos irracional, la
    más intelectual, la más espiritual, la más humana, en tanto que esto signifique superación de los
    seres inferiores. Porque lo cierto es que hay quien entiende, ¡equivocadamente, claro está!, por
    «humano»…
    Alicia se detuvo y se sonrojó: […]»

    Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luca de Tena

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  1. De amor, de unidad, de fe
    se va haciendo nuestra vida.
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    la unidad los equilibra.

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    Va y viene de orilla a orilla
    la barquilla. El agua pasa
    siempre idéntica a sí misma

    Por el amor a la fe,
    por la fe al amor, divisa
    que vamos obedeciendo
    año a año y día a día.

    -Gerardo Diego

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  2. «—¿Qué piensa usted de las artes?
    —El arte es la ciencia de lo inútil.
    El médico frunció la frente, sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que
    había creído adivinar en su paciente.
    —¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quiénes las
    practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?
    —¡Nada de eso, doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su
    inutilidad!
    —Explíquese mejor.
    —El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la
    subsistencia del individuo y con la reproducción
    de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo
    que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino
    que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas
    formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas
    armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del
    zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que
    lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un Chateaubriand a la
    Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de
    signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien:
    todo eso que está inútilmente «añadido a la pura necesidad»… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy
    llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque
    representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y
    guarecerse.
    —Dígame, señora de Almenara, ¿Dónde ha leído ese ensayo sobre la inutilidad? ¡Me gustaría
    conocerlo!
    —¡No necesito leer a los demás para formarme una opinión, doctor!
    —Prosiga, señora: me tiene usted absolutamente fascinado.
    —Pues bien —continuó Alicia—, en el momento mismo en que el espíritu creador del hombre se
    despegó incluso de la necesidad primaria para producir sus lucubraciones, nacieron las grandes
    Artes: la Poesía, la Danza, la Música y la Pintura.—
    —Olvida la Arquitectura.
    —Considero a la Arquitectura, como a la Gastronomía, un añadido inútil a una necesidad
    «primaria». La Danza, en cierto modo, también tiene este lastre, pero se aleja más de la
    necesidad. Es… ¿Cómo explicarme?, una… una… ¡una mímica sublimada! ¡Eso es lo que quería
    decir! Tal vez la Danza sea anterior al lenguaje y tuviera en sus orígenes una intencionalidad
    práctica: con carga erótica, reverencial o religiosa. ¡Yo no estaba allí, y no sé qué
    «intencionalidad» tenía! Pero no hay duda que encerraba «un propósito», encaminado a la
    consecución de un fin. No sé si me explico, pero la intencionalidad es algo muy superior a la
    «necesidad primaria». Está ya directamente relacionada con el juicio y la voluntad. «Quiero esto y
    voy a demostrarlo con gestos y ademanes rítmicos». ¡Y la Humanidad se puso a danzar! ¡De ahí
    a la Paulova o a Nureyev no había más que un paso! La Pintura pertenece a un género superior.
    ¡Es más inútil todavía! Tiene un lejanísimo parentesco con la escritura ideográfica, mas una vez
    añadida su carga de inutilidad, la distancia entre lo necesario y lo que no sirve para nada, se
    hace tan
    grande, que la considero entre las primeras de las Artes Mayores. ¿No opina lo mismo, doctor?
    —Mi querida amiga, no es mi opinión lo que interesa, sino la suya.
    —¿Y no le interesa que a mí me interese conocer su opinión, doctor? ¡Sería muy poco galante
    de su parte dejarme hablar y hablar sin intervenir!
    —Eso es precisamente lo que deseo, señora. Y empiezo a pensar que se le ha acabado la
    inspiración. ¿Cómo juzga usted la Poesía?
    —Paralela en méritos a la Pintura, aunque un tanto más inútil todavía. ¿Qué quiere decir, o para
    qué sirve decir:
    Mi corazón, como una sierpe se ha desprendido de su piel, ‘ y aquí la miro entre mis dedos llena
    de heridas y de miel?
    «¡Oh, doctor! Ni el corazón tiene una piel como la de las serpientes que se la cambian cada
    temporada como las modas de las mujeres, ni los ofidios ni el corazón acostumbran a
    impregnarse del zumo de las abejas; ni hay hombre que pueda contemplar víscera tan delicada
    entre las manos: pues si estuviese vivo moriría en el intento; y si muerto, no podría contemplarla.
    ¡Y sin embargo este poemilla de García Lorca es arte puro!
    «Queda, por último, la Música. ¿Qué mayor inutilidad que unir unos ruidos con otros ruidos que
    no expresan directamente nada y que pueden ser interpretados de mil distintas maneras según
    el estado de ánimo de quien los escuche? ¿A quién alimenta eso? ¿A quién abriga? ¿A quién
    cobija? ¡A nadie! La Música es la más inútil, biológicamente hablando, dé todas las Artes y, por
    ello, por su pavorosa y radical inutilidad, es la más grande de todas ellas; la menos irracional, la
    más intelectual, la más espiritual, la más humana, en tanto que esto signifique superación de los
    seres inferiores. Porque lo cierto es que hay quien entiende, ¡equivocadamente, claro está!, por
    «humano»…
    Alicia se detuvo y se sonrojó: […]»

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