MOLDRIQUE 9º EDICIÓN 2026

Este desafío de 156 kilómetros te llevará desde Molina de Segura hasta el corazón de La Puebla de Don Fadrique, una joya rodeada de naturaleza y tradición.



La Moldrique: homenaje, historia y solidaridad sobre ruedas
La historia de La Moldrique se remonta a 2017, cuando este desafío único nació en honor a dos personas inolvidables: La Juana y el Gregorio, abuelos maternos del creador de esta prueba y auténticos hijos predilectos de La Puebla de Don Fadrique. El Gregorio, pastor de profesión y sabiduría infinita, relataba cómo en sus tiempos realizaba el trayecto entre La Puebla y Molina de Segura para asistir a la gran feria de ganado, un epicentro de negocios y tradición.
Inspirado por aquellos caminos trazados por los pastores, y el espíritu de esfuerzo que los guiaba, surgió La Moldrique, un evento que recupera las antiguas vías y caminos pecuarios donde antaño se desplazaban los ganados. Pero más allá del homenaje histórico, este desafío ha evolucionado para abrazar una causa mucho más grande.
Desde hace cinco años, La Moldrique pedalea por la solidaridad, apoyando a niños y personas que enfrentan enfermedades raras, transformando cada kilómetro en una oportunidad para marcar la diferencia.

La Moldrique: una jornada para la memoria y el corazón
Con su desgarradora dureza y su belleza incomparable, La Moldrique es mucho más que un desafío: es una experiencia que une cuerpo, mente y espíritu. Desde los primeros rayos de sol en Molina de Segura, cada pedalada te llevará a través de un recorrido lleno de historia, paisajes que parecen postales y subidas que pondrán a prueba hasta al más veterano.
El ascenso final a la mítica Piedra de la Rendija es la joya de la corona: 9 kilómetros que combinan dureza y épica, con rampas superiores al 20% que convertirán cada metro en un auténtico reto. Es aquí donde nacen los auténticos Moldriqueros, aquellos valientes que conquistan la cima y se llevan la foto que inmortaliza su hazaña. Pero ojo, incluso quienes completan solo el trayecto hasta el pueblo merecen todo el respeto: no es poca cosa enfrentarse a los 158 kilómetros y 2.540 metros de desnivel positivo que conducen hasta La Puebla de Don Fadrique.
Y como toda gran gesta, La Moldrique tiene su merecido final. La jornada culmina con un descenso cargado de adrenalina y una comida de celebración obligatoria, porque aquí, además de pedalear, sabemos disfrutar. Este momento de hermandad y risas es tan importante como el propio recorrido. Entre amigos y anécdotas, recordaremos cada curva, cada gota de sudor y cada risa compartida.
Así que, prepara tu bici, tus ganas y tu mejor sonrisa, porque La Moldrique te espera con los brazos abiertos y las montañas listas para ser conquistadas. Nos vemos en la cima, Moldriquero. ¡Será un día que no olvidarás jamás!

¿El broche de oro? La Piedra de la Rendija, un coloso de 1.810 metros de altitud que se alza desafiante, esperando que te enfrentes a sus rampas y conquistes su cima. Este pico, guardián de paisajes que cortan el aliento, será el juez final de tu esfuerzo y dedicación.

Puedes seguirme en mis redes sociales

Recaudado
 
Objetivo
3.000,00€
DONACIONES
77
¡Este reto ha finalizado, muchas gracias!
Último día de reto: 01/05/2026

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La Moldrique: homenaje, historia y solidaridad sobre ruedas
La historia de La Moldrique se remonta a 2017, cuando este desafío único nació en honor a dos personas inolvidables: La Juana y el Gregorio, abuelos maternos del creador de esta prueba y auténticos hijos predilectos de La Puebla de Don Fadrique. El Gregorio, pastor de profesión y sabiduría infinita, relataba cómo en sus tiempos realizaba el trayecto entre La Puebla y Molina de Segura para asistir a la gran feria de ganado, un epicentro de negocios y tradición.
Inspirado por aquellos caminos trazados por los pastores, y el espíritu de esfuerzo que los guiaba, surgió La Moldrique, un evento que recupera las antiguas vías y caminos pecuarios donde antaño se desplazaban los ganados. Pero más allá del homenaje histórico, este desafío ha evolucionado para abrazar una causa mucho más grande.
Desde hace cinco años, La Moldrique pedalea por la solidaridad, apoyando a niños y personas que enfrentan enfermedades raras, transformando cada kilómetro en una oportunidad para marcar la diferencia.

La Moldrique: una jornada para la memoria y el corazón
Con su desgarradora dureza y su belleza incomparable, La Moldrique es mucho más que un desafío: es una experiencia que une cuerpo, mente y espíritu. Desde los primeros rayos de sol en Molina de Segura, cada pedalada te llevará a través de un recorrido lleno de historia, paisajes que parecen postales y subidas que pondrán a prueba hasta al más veterano.
El ascenso final a la mítica Piedra de la Rendija es la joya de la corona: 9 kilómetros que combinan dureza y épica, con rampas superiores al 20% que convertirán cada metro en un auténtico reto. Es aquí donde nacen los auténticos Moldriqueros, aquellos valientes que conquistan la cima y se llevan la foto que inmortaliza su hazaña. Pero ojo, incluso quienes completan solo el trayecto hasta el pueblo merecen todo el respeto: no es poca cosa enfrentarse a los 158 kilómetros y 2.540 metros de desnivel positivo que conducen hasta La Puebla de Don Fadrique.
Y como toda gran gesta, La Moldrique tiene su merecido final. La jornada culmina con un descenso cargado de adrenalina y una comida de celebración obligatoria, porque aquí, además de pedalear, sabemos disfrutar. Este momento de hermandad y risas es tan importante como el propio recorrido. Entre amigos y anécdotas, recordaremos cada curva, cada gota de sudor y cada risa compartida.
Así que, prepara tu bici, tus ganas y tu mejor sonrisa, porque La Moldrique te espera con los brazos abiertos y las montañas listas para ser conquistadas. Nos vemos en la cima, Moldriquero. ¡Será un día que no olvidarás jamás!

¿El broche de oro? La Piedra de la Rendija, un coloso de 1.810 metros de altitud que se alza desafiante, esperando que te enfrentes a sus rampas y conquistes su cima. Este pico, guardián de paisajes que cortan el aliento, será el juez final de tu esfuerzo y dedicación.

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